Durante cincuenta años de nuestra historia republicana, el nombre de Fernado Belaunde no sólo representó al líder de uno de los partidos políticos más longevo del Perú, Acción Popular, sino además a un incansable luchador por la democracia, la justicia, y la igualdad |
HISTORIA:
Fernando Belaunde Terry nació el 7 de octubre de 1912. Su infancia la vivió en el Perú, pero luego su familia tuvo que partir al destierro, a Francia. Allá estudió la secundaria, en la que pasaba tantos momentos en las aulas como en la oficina del director por problemas disciplinarios. Sin embargo, cuando su padre es enviado a Miami por trabajo, el joven Belaunde Terry deja las travesuras para dedicarse a estudiar arquitectura, carrera que termina en Texas.
El 1 de junio de 1956 un joven y carismático arquitecto, catedrático en la Escuela de Ingenieros del Perú se presentaba ante el Jurado Electoral para presentar su candidatura a la Presidencia de La República; aclamado por el Frente de Juventudes Democráticas que estaba integrado por discípulos suyos y por estudiantes de la Universidad de San Marcos. Lo integraban entre otros Edgardo Seoane, Javier Alva Orlandini, Javier Velarde Aspíllaga, Gustavo Mohme Llona. Puesto que el organismo electoral se encontraba groseramente manipulado por el entonces dictador Manuel Apolinario Odría, se frustró la inscripción de la entusiasta comitiva. El candidato aspirante era Fernando Belaúnde Terry. Ante la negativa se originó una enérgica protesta del naciente grupo en las calles de Lima. La altivez y decisión de Belaúnde y sus prosélitos les produjo mucha confianza para lanzar un ultimátum: le otorgaban 24 horas al gobierno de turno para oficializar su inscripción.
Hombre de la Bandera"Manguerazo"
Como el recinto del órgano electoral se colmó de indignados transeúntes y simpatizantes, los responsables del Jurado Electoral llamaron a la fuerza pública. Esto no amilanó a los indignados jóvenes que a puño limpio, entre ovaciones y silbatinas, se enfrentaron a la Policía montada. La situación se hacía incontrolable, el caos se generalizó. De pronto Belaúnde es aclamado y en la limeña plaza San Martín, en hombros de sus partidarios se cubre con la bandera del Perú. Ya las masas en ese momento se encontraban efervescentes. Entonces un carro rompemanifestaciones lanza un potente chorro de agua que no logra separar la turba. Frustrados por su impotencia, los policías arrojan una pesada manguera que derriba al naciente líder. De esa manera el hasta entonces poco conocido arquitecto ganó portadas en los diarios y radioemisoras. El incidente fue bautizado como \"el manguerazo\". El diario \"La Prensa\", lo bautizó como el \"Hombre de la Bandera\". Sería la partida de nacimiento de su partido Acción Popular.
Primer Gobierno:
Durante su corto periodo como presidente, Belaunde Tery desarrolló grandes obras públicas. Pese a ello, el crédito externo, que lo llevó a la devaluación monetaria, y el poder militar, nuevamente acabaron con sus aspiraciones de gobernar el país.
Entre otras obras, se inicio la construcción del complejo Antúnez de Mayolo, que suministra energía eléctrica a Lima Metropolitana y a varios otros departamentos, así como Tinajones, y otros proyectos de irrigación. Creó el Banco de la Nación. Se construyó una vasta red vial. Y, además, gestó uno de sus proyectos más anhelados: la Carretera Marginal de la Selva.
Lo cierto es que la crisis presidencial se agravó tras a los arreglos que el Gobierno realizó con la International Petroleum Company, para obtener la recuperación de los yacimientos de La Brea Y Pariñas.
Tras el golpe militar, Belaunde es desterrado a la Argentina, de dónde, más tarde, pasa a Estados Unidos, donde volvió a ejercer la docencia.
El ex presidente no vuelve al Perú sino hasta 1978, época en que el gobierno militar convoca a elecciones para el Congreso Constituyente.
Segundo Gobierno:
Seis meses después del triunfo arrollador de Acción Popular y ubicadas las fuerzas entre coalición oficialista y oposición, la lucha política se institucionalizó en el Parlamento. La crisis económica se convirtió en un elemento constitutivo del sistema y el movimiento laboral, encontrando los límites de su lucha nuevamente económica, ingresó en un proceso que a finales de la década prácticamente lo desaparecería.
Belaúnde vuelve, como en su anterior régimen, a convocar a elecciones municipales con los mismos protagonistas de las presidenciales. Estas se realizaron el 23 de noviembre de 1980. Triunfó nuevamente Acción Popular. Dicho triunfo en la capital limeña como a nivel nacional, se explica en parte, por el tiempo gracia a los gobernantes al inicio de su mandato. No existía por lo tanto, desgaste político.
A pesar de ganar, Acción Popular disminuye su respaldo. Esto explica la votación circunstancial de la presidencia del 80, alguno de cuyos elementos habían desaparecido (gobierno militar, división de la izquierda). Ganó la alcaldía de Lima con su candidato, el arquitecto Eduardo Orrego Villacorta, pero perdió puntos a expensas de la izquierda en algunos lugares del país, especialmente en el sur, y en algunos distritos populares de Lima. Por el contrario, ésta recuperó votación por presentarse, luego de varios intentos frustrados y por primera vez en su historia, con una lista unitaria producto de la conformación, en agosto de 1980, de Izquierda Unida (IU). Su recuperación fue notoria principalmente por sus triunfos en ciudades como Arequipa, Huaraz, Pucallpa y por su importante segundo lugar en Lima, encabezado por Alfonso Barrantes Lingán. En esta ciudad logró ganar en distritos de presencia altamente popular, como El Agustino, Comas y otros. Situación distinta experimentó el APRA, que disminuyó tanto en Lima con su candidato Justo Enrique Debarbieri, que quedó en cuarto y última colocación. La crisis de dirección aprista llegó a su límite con la salida del sector de Andres Townsend. El APRA sólo le gana al PPC a nivel nacional, lo que resultó insuficiente para el partido más experimentado. El PPC, a su vez, mantuvo su actuación anterior. Poco significativo a nivel nacional y con una presencia electoral importante a nivel limeño encabezado por Richard Amiel.
Guerra de las Malvinas:
presidente Fernando Belaúnde Terry será, sin duda, el de su importante gestión pacificadora en la guerra de las Malvinas. Tres veces, en otros tantos momentos de la conflagración, intervino Belaúnde para tratar de evitar la escalada bélica y buscar una paz negociada. La primera, estuvo a punto de concertar la paz: FBT tenía ya en su poder la aceptación escrita de los británicos a la propuesta de arreglo que él presenta, con la intervención del mediador norteamericano Alexander Haig y la anuencia argentina. Pero el hundimiento malicioso del “Belgrano” planeado por los halcones británicos y ordenado por la misma Margaret Thatcher, frustró la paz. El segundo intento de Belaúnde se produjo cuando los argentinos hundieron el “Sheffield” y abrió nuevas aunque más leves esperanzas de arreglo, que lamentablemente no llegaron a concretarse. El Presidente peruano no cejó en su empeño y hasta el final, en las vísperas de la batalla decisiva de Puerto Argentino, que terminó con la victoria británica y de sus mercenarios los feroces "gurkas", intentó librar al país hermano de una derrota vergonzosa y del inexorable holocausto de cientos de jóvenes abandonados a su suerte, en notoria inferioridad tecnológica y con una preparación militar que dista muchísimo del profesionalismo de sus adversarios.
El Surgimiento del Terrorismo:
La aparición y extensión del terrorismo fue el mayor problema que tuvo que enfrentar el gobierno de Belaunde. El grupo político de tendencia maoísta Sendero Luminoso dio inicio a la llamada «guerra popular» el mismo día de las elecciones generales, el 18 de mayo de 1980, en el remoto poblado de Chuschi, en Ayacucho. Inicialmente, mientras que el presidente Belaunde atribuía las acciones senderistas al abigeato, algunos sectores de la Izquierda miraban con simpatía o condescendencia al movimiento. Sin embargo, bien pronto todos terminaron desengañados ante la política genocida de esta agrupación. Entre 1980 y 1982, Sendero Luminoso se consolidó en el departamento de Ayacucho, entre otros motivos, por el alto índice de pobreza y por el abandono estatal que presentaba este departamento. Para combatir a Sendero, el gobierno decretó el estado de emergencia en varias provincias ayacuchanas y ordenó la intervención de las Fuerzas Armadas. Lamentablemente, las medidas contrainsurgentes que las Fuerzas Armadas aplicaron fueron causa de numerosos atentados contra los derechos humanos de la población local.
En 1984, otro grupo terrorista emprendió sus acciones: el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). Esta agrupación acusaba al gobierno de Belaunde de imperialista, entreguista y de estar comprometido con la «guerra sucia» que se libraba en Ayacucho.
La política económica:
El gobierno de Belaunde heredó del régimen anterior un aparato estatal muy grande e ineficiente, una inflación anual por encima del 60% y una pesada deuda externa. En un primer momento, por lo menos hasta 1982, el gobierno pudo sortear y superar estos obstáculos. Sin embargo, hacia 1983 la economía del país se vio en una situación difícil por una serie de factores: los estragos que ocasionó en la agricultura el fenómeno climático del Niño (1983); el descenso de los precios de las exportaciones, producto de una crisis mundial; la libre importación, que afectó a la mal preparada industria nacional, y un mal refinanciamiento de la deuda externa. La baja producción, una inflación que parecía tornarse incontrolable y el desempleo perfilaron los últimos años del gobierno
El inti:
En los últimos meses del gobierno de Belaunde, en enero de 1985, se estableció una nueva unidad monetaria: el inti. La conversión de soles a intis fue de mil soles por un inti. Su signo era «I/.» Pese a este dato, la gente asocia más el ingrato recuerdo del inti con el primer gobierno de Alan García, ya que fue durante su gestión que esta moneda se envileció en grado extremo.
Obras Públicas:
Fue fructífera, pues a través de la Cooperación Poular, se construye caminos, escuelas y obras comunales. Construcciones de la carretera Marginal de la Selva, Aeropuerto de Lima (Jorge Chávez).
Durante este gobierno, se continuó la construcción de la Marginal de la Selva. También se abrieron nuevas carreteras, se construyeron y rehabilitaron puertos marítimos y fluviales, se levantaron nuevos complejos habitacionales, como la Ciudad Satélite de Santa Rosa y las Torres de San Borja; se expandió el servicio eléctrico mediante nuevas centrales eléctricas y se llevaron a cabo obras de irrigación.
Golpe de Estado 3-10-1968
En 1968, Belaúnde suscribe el Acta de Talara, para solucionar el impase con la IPC (International Petroleum Company ["Companía de Petróleo Internacional"]) sobre el problema de la Brea y Pariñas. Es entonces que se produce el escándalo sobre la pérdida de la página "once" del contrato de la venta de crudos, suceso aprovechado por la oposición, se produce el Golpe de Estado, el 3 de octubre de 1968, por el general Juan Velasco Alvarado.
Enfermedad de Belaúnde:
El 2 de septiembre del mismo año Belaúnde, enfermo de cáncer de piel y con problemas vasculares, cedió la jefatura política de AP a Paniagua en el segundo día del XIII Congreso Nacional Extraordinario del partido. El 1 de junio anterior había muerto de un cáncer de pulmón su esposa y estrecha colaboradora, Violeta Correa, con la que se había casado siete años después de divorciarse de su primera cónyuge y madre de sus tres hijos, Carola Aubry. El 24 de mayo de 2002 el estadista fue ingresado en el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásticas de Lima al sobrevenirle un derrame cerebral y el 4 de junio falleció a causa de un paro cardíaco. Tenía 89 años.
El presidente Toledo decretó tres días de duelo nacional y el tributo de honras fúnebres, como si fuera jefe de Estado en activo, a Belaúnde, que fue inhumado el día 6 en el cementerio Campo Fe de Huachipa. Las principales personalidades de la política peruana expresaron su pesar por el deceso y su respeto por la figura de Belaúnde, al que calificaron de servidor público excepcionalmente honesto, de estadista de principios y revestido de una "enorme autoridad moral", de gran latinoamericanista y de "arquitecto" de la democracia peruana, un coro de panegíricos que, de alguna manera evocaba, la desazón instalada en la opinión pública por la aguda crisis de credibilidad y de moralidad que padecían las instituciones del Estado y el conjunto de la clase política.
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